me dejó medio al borde del brote. Fue un año medio de merda, digamos la verdad, las materias que cursé no me encantaron mucho, y mi desempeño no fue el que yo esperaba, aunque promocioné una de las tres (con un diego, muchachos) y en la que tiene final obligatorio me fue bien todo el año. Hay una mancha negra, claro está, y es la materia que no pude promocionar, cuyo profesor me inspiró esta cosa que podría llamarse relato, el que dedico a todos los profesores y los alumnos que visitan este humilde bloC, y que dice más o menos así:
Bravón bravón
El profesor advierte con horror que mañana empezará un nuevo año lectivo, y hordas de desconocidas irrumpirán en su vida e intentarán hacérsela imposible.
Pero sabe que a cambio podrá admirar alguna sonrisa, algún culito. El profesor canturrea a media voz y se afeita frente al espejo. Reafirmar el self, consolidar la autoestima, piensa. Igual, la noche es una lotería.
A la profesora del aula de al lado le hicieron el bombito y ya no da tanto gusto verla. Qué linda, cómo se estiraba para escribir en el pizarrón, tan pequeñita ella. Modosita se la veía, seguro sabe hacer lemon pie.
Se inclina para mirarse la panza en el espejo del baño. Se imagina a sí mismo en el aula, se da vuelta para escribir en el pizarrón... Piensa: estoy gordo.
El año pasado estuvo un poco tirano y a decir verdad, le terminó gustando. Este año capaz repetía el exitazo. Ser amado, ser odiado, ¿cuál es la diferencia? Lo que importa es la pasión, la intensidad del sentimiento. Sonríe. Manga de pelotudas, dice bajito.
Dos semanas han pasado desde el comienzo de clases. El profesor adelgazó dos kilos. Bravo por él. A vuelo de pájaro opina que son todas unas taradas y se divierte solo dando clases psicodélicas en las que ninguna oración termina y un tema se empalma con otro al mejor estilo asociación libre, total, estas pelotudas no se dan cuenta de nada, si no entienden ni el pronóstico del tiempo. Por momentos le parece que las odia.
Y razones no le faltan, hay cada una. El otro día, sin ir más lejos, estaba dando la bibliografía del año y al terminar dijo, mecánicamente, ¿alguna pregunta? Y una coloradita levantó la mano y preguntó: ¿podemos anillar las fotocopias? ¿Qué responder en esos casos? ¿No sé, tu mamá te deja? Hay que estar, como diría Balá, bravón bravón.
El profesor suspira y se pone las medias. Se queda pensativo un rato, sentado en el bordecito de la cama. Se levanta dando un quejido y se pone la camisa beige. Mes y medio para las vacaciones, piensa. La alta de la fila de la ventana lo calienta un poco, está buena, pero no lo mira mucho, ¿será torta? La que está regalada es la flaquita de la fila del medio.
Tortas o no, frígidas o regaladas, son una más estúpida que la otra. Pero bueno, por lo menos él les saca el jugo, se divierte, se ríe de ellas, y ellas se lo merecen, claro está, para muestra basta un botón, y así año tras año. El profesor piensa en la licenciatura y ahí enseguida: qué diferencia.
Hay días en que el profesor advierte cierta hostilidad de parte de las alumnas y no entiende por qué. A veces siente una tensión incómoda que lo hace trastabillar y olvidarse de lo que venía diciendo. ¿Le parece a él, o las alumnas están belicosas? Puede sentir las miradas duras de dos o tres de ellas, puede percibir el tono áspero de las preguntas, todas pensadas por supuesto para ponerlo en evidencia, para demostrar que no aceptan lo que él está diciendo como La Verdad, para hacerle saber que ellas no están con él sino mirándolo fracasar desde la vereda de enfrente. Esos son los momentos en que piensa ahora el break se los doy mañana, perras.
Así que nada, si quieren hostilidad eso tendrán, piensa el profesor, si no son capaces de seguir un hilo de pensamiento medianamente complejo, de quién es la culpa, de él seguro que no, y lo más lindo es que ni siquiera se dan cuenta de que él se los pone en evidencia, el único que se da cuenta es él y con eso se divierte, y a veces hasta le cuesta disimular la sonrisa que las pobrecitas le provocan.
Hay otros días en que el profesor no tiene ganas de dar clase y en cambio, quiere hablar de su vida, de los pensamientos que ha tenido, de sus experiencias y de las reflexiones que ellas suscitaron. También son lecciones, piensa el profesor, lecciones de vida, qué tanto. Además, de quién es la clase, ¿no? Gracias que va.
El profesor es generoso y alienta a las alumnas a que lo citen en sus trabajos. Está en contra del orden establecido, él la tiene clara: la realidad no se percibe, la realidad se construye. Al profesor le gusta decir que él es como los sofistas. Ser amado, ser odiado, ¿cuál es la diferencia?
Parado en la balanza del baño, el profesor sonríe satisfecho.

oia... ¡viejos en culo!